La fila de los mancos

El mundo del séptimo arte: noticias, anécdotas, biografías (actores, directores,...),..., y, cómo no, los últimos estrenos cinematográficos.


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sábado, julio 07, 2007

Transformers

Una de esas películas en las que será mejor que dejes el cerebro a la entrada y lo recojas después, no vaya a ser que sufra un cortocircuito como esos que consiguen destruir a estas bestias metálicas.

Cuando en el año 1984 la empresa de juguetes Hasbro se sacó de la manga una serie de coches, aviones o camiones capaces de convertirse en robots, los pequeños de medio mundo se rindieron a sus pies. Habían creado un monstruo del que poco a poco se harían varias series de animación y del que la Marvel, cómo no, crearía un cómic. Steven Spielberg, con su sagaz olfato para todo lo que huela a negocio rentable, vil metal, adquirió los derechos para llevarlo a la gran pantalla. Y así, en labores de productor ejecutivo, respalda a Michael Bay, uno de los directores más odiados por la crítica pero más amados por el público que devora sus altas dosis de acción con la misma voracidad que sus palomitas king size.
Transformers es el nuevo catálogo de lo que se lleva en efectos especiales y una de esas cintas concebidas pensando y requetepensando en su público potencial: el adolescente medio norteamericano. ¿Y cuáles son las inquietudes de este sector? Si nos dejamos guiar por películas como ésta, el conjunto de intereses se reduce a tres cosas básicas: éxito social, coches rápidos y chicas guapas.
Pero también hay cosas salvables en el filme. La primera es comprobar lo bien que se desenvuelve delante de la cámara Shia Labeouf, del que Spielberg, siempre con buen ojo para descubrir nuevos talentos, habla maravillas. El chico tiene una naturalidad despampanante y roba escenas como un auténtico Brando. Además, la película resulta bastante graciosa en todo lo referente a esa familia -que es de lo mejor- y, por supuesto, lo de siempre, que visualmente tiene escenas impresionantes como la pelea final entre los buenos, los Autobots, y los malos, los Decepticons. Ahora bien, la película tiene el gran problema de no saber equilibrar adecuadamente sus dosis de comedia -especialmente divertida cuando se habla de una agencia secreta del gobierno-, y las de épica solemne. Éstas se concentran principalmente en toda la parte del desierto, en la que una enésima intervención estadounidense en un país perdido de la mano de Dios lleva a unos soldados a internarse allí y, de paso, demostrar unas cualidades casi de superhéroes, capaces de tomar el mando en cualquier situación de crisis aunque para ello hayan de quitarle la autoridad a los políticos de turno.
No obstante, no se puede negar que el director Bay es un profesional como la copa de un pino, pues da lo que promete a unos productores que contando con él no tardan en frotarse las manos. Porque aunque abuse demasiado del ralentí, su manejo del suspense sea muy simple y sus coreografías de acción sean algo confusas, él siempre está dispuesto a dirigir a cuatro manos y a intentar que cada una de las escenas se coma a la anterior en lo que resulta una orgía de acción agotadora.
Que la disfrutéis.

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