La fila de los mancos

El mundo del séptimo arte: noticias, anécdotas, biografías (actores, directores,...),..., y, cómo no, los últimos estrenos cinematográficos.


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viernes, mayo 11, 2007

Diarios de la calle

Tras escribir algunos de los guiones de mayor éxito en Hollywood en las últimas décadas, entre los que se cuentan 'El hombre que susurraba a los caballos' o 'El rey pescador', el neoyorquino Richard LaGravenese regresa a la dirección con una historia ambientada en un instituto neoyorquino cuya sinopsis recuerda al clásico 'Rebelión en las aulas', protagonizada por Sidney Poitier a finales de los sesenta.
Ha habido varios pero quizá uno de los peores largometrajes de los que han ido goteando por las salas de cine en nuevos intentos de plasmar las dificultades de profesores que creen que pueden reorientar las energías negativas de sus alumnos mientras les dan unas cuantas lecciones de humanidad fue el protagonizado por Michelle Pfeiffer, 'Mentes peligrosas', del que, afortunadamente, solo quedó una pegadiza canción y nada más. Pero lo que no consiguió esta cinta, lo logra ahora Richard LaGravanese adaptando la historia real de Erin Gruwell, una profesora que pidió a sus alumnos, pertenecientes a la conflictiva zona de Long Beach, en Los Ángeles (EE.UU.), que escribieran en un cuaderno sus vivencias, dejando a la luz un día a día verdaderamente complicado.
De esta forma asistimos a un relato en el que las voces de los alumnos van pidiendo paso en el momento en que se necesita -como en el poderoso arranque en el que toma la palabra la estudiante hispana- mientras conocemos a una maestra interpretada con convicción por la oscarizada Hillary Swank, literalmente una niña de papá que va a demostrar tener más agallas de las que el espectador pudiese esperar de ella. Es aquí donde surge uno de los problemas de la película: creerse que un personaje que se nos ha vendido como inmaculado estereotipo de niña pija, sin los pies en la tierra, consiga ganarse poco a poco la confianza de este grupo de alumnos malhumorados y desesperanzados, por más técnicas pedagógicas que ella demuestre saber emplear.
Pero LaGravanese sabe salvar los papeles, éstos y los que apuntan hacia un drama algo pasado de rosca, con un brillante saber hacer, poniendo la cámara donde debe -especialmente acertada es toda la limpísima planificación de las horas de clase-, y con unos divertidos contrapuntos que impiden que la película caiga en esa cierta complacencia que se atisba en su horizonte.

Si 'Diarios de la calle', con adolescentes protagonistas escogidos de entre chavales con vidas similares a la de sus personajes, no termina de convencer por más que conectemos emocionalmente con ella -y eso con lo difícil que es acercar creíblemente toda esa carga de tragedia que conlleva la adolescencia- es por su poca capacidad de sorprendernos. Pero la película trilla caminos muy dados al personaje de cartón piedra, a caer en extremos poco creíbles, por lo que la hondura de su propuesta hace que se desmarque claramente de otros experimentos, algo que se agradece sobremanera.

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